
Los delitos societarios son conductas ilícitas cometidas dentro de una sociedad mercantil por personas que tienen capacidad de decisión o control sobre ella, como administradores, directivos o, en determinados casos, socios.
Su finalidad suele ser obtener un beneficio propio o favorecer a determinadas personas perjudicando a la sociedad, al resto de socios, a los acreedores o incluso a terceros.
Es importante destacar que no cualquier irregularidad constituye un delito. Para que exista responsabilidad penal normalmente debe existir una actuación consciente y voluntaria dirigida a engañar, ocultar información o causar un perjuicio.
Esta es una de las dudas más frecuentes.
No todas las decisiones equivocadas tienen consecuencias penales.
Un administrador puede realizar una inversión que resulte ruinosa, perder un cliente importante o cometer errores de planificación sin que exista ningún delito.
La diferencia aparece cuando existe intención de manipular la realidad o de perjudicar deliberadamente a otras personas.
Una empresa compra una maquinaria por 150.000 euros porque espera aumentar la producción.
Meses después el mercado cambia y la inversión resulta un fracaso.
Aunque la decisión haya sido equivocada y genere pérdidas, no existe un delito societario si se actuó con buena fe y pensando en el interés de la empresa.
En cambio, si el administrador compra esa maquinaria a una empresa de un familiar por un precio muy superior al de mercado para beneficiar a dicho familiar y perjudicar a la sociedad, la situación cambia completamente y podría derivar en responsabilidades civiles e incluso penales.
Habitualmente pueden ser responsables:
La responsabilidad dependerá siempre de la participación concreta de cada persona en los hechos.
Es uno de los delitos societarios más conocidos.
Consiste en manipular las cuentas anuales, balances, informes financieros u otros documentos para ofrecer una imagen económica distinta de la real.
El objetivo puede ser conseguir financiación bancaria, atraer inversores, ocultar pérdidas o evitar que los socios conozcan la verdadera situación de la empresa.
Una sociedad tiene pérdidas de 300.000 euros.
El administrador modifica determinados asientos contables para reflejar beneficios inexistentes antes de presentar las cuentas.
Gracias a ello consigue un préstamo bancario.
En este supuesto podría existir un delito societario, además de otras posibles responsabilidades.
Los socios tienen reconocidos diversos derechos por la legislación mercantil.
Entre ellos destacan:
Impedir deliberadamente el ejercicio de estos derechos puede constituir un delito.
Una empresa convoca una junta general sin avisar a uno de los socios minoritarios para evitar que vote en contra de una operación importante.
Si esa exclusión es intencionada, podrían existir consecuencias legales.
Se produce cuando la mayoría utiliza su posición para aprobar acuerdos que únicamente benefician a determinados socios en perjuicio del resto.
Tres socios poseen el 90 % de la empresa y acuerdan repartirse todos los beneficios mediante contratos ficticios mientras dejan sin dividendos al socio minoritario.
Si el acuerdo persigue exclusivamente beneficiar a unos pocos causando un perjuicio injustificado, podría ser impugnable e incluso tener relevancia penal.
También pueden ser delictivos determinados acuerdos adoptados mediante engaño, abuso de mayoría o utilización fraudulenta del derecho de voto.
El administrador convence a varios socios ocultando información clave para vender un inmueble de la empresa muy por debajo de su valor real a otra sociedad de su propiedad.
La sociedad pierde patrimonio mientras el administrador obtiene un beneficio personal.
Los socios tienen derecho a conocer determinada información para poder votar con conocimiento suficiente.
Ocultar documentación relevante o facilitar información falsa puede constituir una conducta ilícita.
Antes de aprobar las cuentas anuales, un socio solicita consultar determinados contratos porque sospecha que existen operaciones irregulares.
El administrador se niega sin causa legal y posteriormente se descubre que ocultaba pérdidas importantes.
Las consecuencias dependen del tipo de delito y de la gravedad de los hechos.
Entre ellas pueden encontrarse:
Además, las consecuencias económicas suelen ir mucho más allá de las sanciones legales.
Una empresa inmersa en un procedimiento penal puede sufrir:
La mejor herramienta es una gestión transparente y profesional.
Algunas medidas recomendables son:
Muchas incidencias pueden evitarse simplemente documentando correctamente las decisiones y actuando con transparencia.
Si un administrador descubre que existe una actuación que puede perjudicar a la sociedad, es recomendable actuar cuanto antes.
Entre las medidas más habituales se encuentran:
Actuar con rapidez puede reducir las consecuencias jurídicas y económicas para la empresa.