
Es el impuesto que grava los beneficios obtenidos por las sociedades y otras entidades jurídicas.
Se calcula sobre el resultado contable de la empresa, realizando posteriormente los ajustes fiscales establecidos por la normativa.
Por eso, dos empresas con el mismo beneficio contable pueden terminar pagando importes muy diferentes.
Uno de los errores más frecuentes es no contabilizar todos los gastos que realmente pueden deducirse.
Entre ellos pueden encontrarse:
Eso sí, todos los gastos deben cumplir tres requisitos:
Las inversiones en maquinaria, ordenadores, mobiliario o vehículos no suelen deducirse de golpe.
La normativa permite amortizarlos durante varios años.
Aplicar correctamente las tablas de amortización puede suponer un ahorro importante.
Una empresa compra equipos informáticos por 12.000 €.
Una correcta planificación de la amortización puede reducir la base imponible durante varios ejercicios.
Existen incentivos fiscales que muchas empresas desconocen.
Por ejemplo:
No todas las empresas pueden aplicarlos, por lo que conviene analizar cada caso.
Si la empresa tuvo pérdidas en ejercicios anteriores, en muchos casos pueden compensarse con beneficios futuros.
Esto permite reducir la cantidad sobre la que se calcula el impuesto.
Muchas empresas olvidan revisar este aspecto.
En ocasiones retrasar o adelantar una inversión unos meses puede cambiar considerablemente la tributación del ejercicio.
La planificación fiscal permite decidir cuándo resulta más conveniente realizar determinadas compras.
Algunas provisiones cumplen los requisitos para ser fiscalmente deducibles.
Una revisión adecuada evita perder deducciones que podrían reducir la factura fiscal.
El cierre del ejercicio es uno de los momentos más importantes.
Errores como:
pueden provocar que la empresa pague más impuestos de los necesarios.
Los fallos más habituales son:
No.
La planificación fiscal debe realizarse durante todo el año.
Esperar al cierre del ejercicio limita mucho las posibilidades de reducir legalmente el impuesto.
Cuanto antes se revisen las operaciones de la empresa, mayores serán las opciones de optimizar la tributación.
Cada empresa tiene una situación diferente.
No existe una fórmula universal para pagar menos impuestos.
Una revisión periódica de la contabilidad permite detectar oportunidades de ahorro totalmente legales y evitar errores que pueden resultar muy costosos.
En AL1 Asesoría ayudamos a empresas y pymes a planificar su fiscalidad durante todo el año para que paguen únicamente lo que corresponde conforme a la normativa vigente.